No existe marca de mayor relevancia para un noble ingles que el escudo de armas que identificaba su armadura, su castillo o hasta su propia tumba. Portar un emblema de este tipo no solo representaba un título nobiliario distinguido, si no también definiría a una estirpe de hombres únicos que quisieron vivir venciendo o morir matando. Su razón de ser era la lucha, ese era su destino, y así intentarían alcanzar la gloria aunque su vida fuera curtida por mil y un sacrificios. De esta misma manera será recordado por siempre Steve Grimmett, un espíritu imbatible que luchó por lo que más amaba: El “heavy Metal”, guiado bajo el influjo de la NWOBHM como un distintivo forjado a hierro en su corazón y siempre ajeno a cualquier ostentación que lo distrajese de mantener férreamente sus tradiciones. Como no recordar clásicos firmados bajo su nombre como In Search of Sanity” de Onslaught donde impregnaría su marca indeleble en un disco de vital trascendencia para el Thrash metal, una tendencia considerada en vías de extinción entrada ya la década de los noventa; de la misma manera seria contraproducente dejar de mencionar a aquellas gemas del heavy ochentero como “See You in Hell”,  Fear No Evil” o  Rock You to Hell”, una tríada que ocupa un lugar sagrado en la mente de aquellos nostálgicos de la edad dorada del género y seguidores de la banda de cabecera de este famoso vocalista: Grim Reaper. No ha sido poca la grandiosidad acreditaba a sus habilidades vocales, en merito a ello se sostiene la vigencia de su frondosa discografía, Steve Grimmett tenía un talento innato para la música y a nadie le sorprendería que su nombre haya sido barajado como posible reemplazo de monstruos del metal como Bruce Dickinson o Rod Halford.  Es innegable que alrededor de su propia figura siempre hubo esa magia, y hoy conviene valorar también en su justa medida un disco imprescindible para comprender por qué Steve Grimmett es una leyenda que forjo su pasión con la idea imperante del talento predestinado a la excelencia. Prueba de ello es el disco que reseñaremos a continuación, el invaluable y poco conocido "Chained & Desperate" de los ingleses Chateaux.


Concebido en 1983, "Chained & Desperate" fue tal vez la punta de lanza del sello británico Ebony Records, quienes poseían en sus filas a la línea más cruda y estruendosa de la NWOBHM, acrónimo de New Wave of British Heavy Metal (o mejor conocida en español como la nueva ola del heavy metal británico). Desde sus canteras se gestarían leyendas de renombre como Savage, Dealer o Samurai, bandas que al igual que Chateaux empezarían sus correrías desde la clandestinidad del underground  para poco después empezar un rápido proceso de expansión hacia el mercado norteamericano con nulo, moderado o rotundo éxito según sea el caso, y siendo el peor de los escenarios el que transitaría  Tim Broughton, fundador de la banda, y compañía, quienes formados como trio en 1981, alcanzarían cierta relevancia al año siguiente de su formación con su primer single promocional de nombre “Young Blood“, un trabajo que destaca por el aporte a doble turno de Alec Houston en la voz y el bajo respectivamente, cerrando esta primera etapa Andre Bayliss en la batería. Con  la impostergable necesidad de lanzar un primer larga duración que reconfirme su productividad, no se les ocurriría mejor idea que llamar a Steve Grimmett como invitado especial para tan ansiado debut,  precisa elección para lo que se conoce como la primera demostración oficial del poder, garra y carisma que iría cultivando con el pasar de los años. Muy a pesar que la producción parece salir del fundillo, Grimmett demuestra ser plenamente consciente de las limitaciones del medio, equiparando fuerzas con humildad sin dejar de ser extra-normal , con unos agudos que te sacuden los tímpanos a primera escucha.


Es un hecho que su presencia se vuelve un faro y un reto para sus compañeros de banda, quienes forzosamente evidencian no ser conocedores de las refinadas técnicas que le puedan ser de acompañamiento, aunque nunca fueron deudores de la voluntad de persistir en sus objetivos. La primera canción que abre este disco es  Chained And Desperate  e inmediatamente toma contacto con la variedad de facetas que te proporciona el rock and roll para despabilar el entusiasmo, es una canción que sabe dar relajo sin apabullar, mientras la estética  cruda se va imponiendo  con "Spirit Of The Chateaux" un himno por encima de cualquier apreciación sesgada al gusto personal. Basta aguzar el oído y dejarse engullir por la épica de sonidos que explota univalente con cada rasgueo de cuerda, redoble de batería y falsete que gritado al cielo asemeja canticos de guerra que llenan de bravura los ánimos en momentos de mayor aciago.

                                                                 

“Burn Out At Dawn” pertenece a la selección más pesada de este disco, desprolijo pero original para hacerlo atractivo y relevante en una cultura primigenia que daba prioridad a la crudeza. Rápido a una velocidad casi punk y curtido de todos los clichés que serían la comidilla de toda una generación asentada en la península de San Francisco y que tomaría la posta pocos años más tarde. "The Dawn Surrendered" es la balada que te pone los pelos de punta. Imposible no emocionarse con tremenda capacidad interpretativa de Grimmett, canta con una maestría que bien merece ser ovacionada de pie, es él demostrando a lo que aspiraba ser en un futuro cercano, sin dejarse guiar por patrones prototípicos simplistas y con un impecable acompañamiento instrumental tan efectivo que gira en torno a las sucesiones de agudos y graves que se despliegan como espejismos tras la muralla de claridad que construye su voz. En Straight To The Heart  las hazañas vocales continúan al pie del cañón y toman por asalto fortificaciones de carácter más hard rock, el dinamismo es impresionante, siendo una lástima que la banda no haya podido mantener el nivel alcanzando por este disco, y de alguna manera también lograr que esa conjunción de hard rock y heavy metal vuelva a saltar la valla de las métricas sin asfixiarse en el intento.
                            


"Baton Rouge" tiene una primera sección instrumental que corre a la velocidad del speed metal, todavía hay una continuidad de cierto registro melódico que se escabulle por el intrincado telón de fondo en el que brillan las aportaciones solistas. La guitarra vuelve a estar en su mejor forma con una distorsión a decibeles exorbitantes, una cualidad que impide que temas como "Son Of Seattle" o “Shine On Forever“ puedan aspirar a tener ese guiño comercial que los motive a cambiar lealtades, pero eso jamás ocurrió, después de su tercer disco “Highly Strung” de 1985 y ya sin Steve Grimmett en las voces (quien participaría como invitado solo en el disco debut) Chateaux terminaría su recorrido irremediablemente sin pena ni gloria, siendo inmerecido el olvido que cayó sobre esta gran banda.

Pero la carrera de Steve Grimmett siguió adelante por mucho tiempo más, lo suficiente como para ser testigos de las bondades que pudo plasmar su prodigiosa voz y vivir como propios sus fracasos, sus éxitos, sus debilidades y su humanidad, aunque su salud ya seguía un camino progresivamente doloroso. Muchos nos emocionamos cuando lo vimos levantarse y caminar  después de un colapso que desencadenaría la amputación de su pierna derecha tras una infección causada por la diabetes en el 2017, y si alguien te hubiera contado que 5 meses después de este trágico suceso Steve Grimmett volvería a levantarse para pisar un escenario, y de pie con el micrófono en mano y con su inolvidable voz haría a las personas derramar lágrimas por él, no te lo hubieras creído, nadie lo hubiera creído, así de grande era su voluntad y así perdurará su existencia, como una antorcha encendida en el corazón de todos aquellos que aman y viven por lo que más quieren.


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